press releases & Protests
Note: The letter is in Spanish below
March 27, 2009
Constitution, Policies, General Legislation and Administration Committee
House of Representatives
General Assembly of Uruguay
Legislative Palace
Montevideo, Uruguay
To the attention of Representatives Javier Salsamendi, Beatriz Argimón,
Gustavo Bernini, Gustavo Borsari, Diego Cánepa, Luis Alberto Lacalle, Alvaro
Lorenzo, Edgardo Ortuño and Jorge Orrico.
Distinguished Representatives:
The World Press Freedom Committee (www.wpfc.org) —an organization
representing 44 press freedom groups from throughout the world— expresses its
great concern about the current stagnation of a bill to eliminate insult laws
and to decriminalize criminal defamation ones, which has already been passed by
the Senate, especially now that this initiative is about to lose its legislative
validity.
The bill, introduced in July by President Tabaré Vázquez, would eliminate the
crime of insult, whether written or spoken, and expressly states that no one
shall be punished for expressing his or her discrepancies with a public
official. Also, the crimes of insulting the national symbols and attacks against
the honor of foreign heads of state shall be eliminated.
The initiative would correctly decriminalize defamation when those
expressions refer to “issues of public interest involving both public officials
and public persons who, because of their profession or activity, enjoy a social
relevancy or any person who has chosen to be involved in public affairs.”
The bill also respects the concept of real malice as a fundamental standard
to evaluate these matters, which would also protect inaccurate expressions by
“considering the real will of a person to aggravate or violate the privacy of
another person.”
The legislative project is the result of a friendly agreement finalized on
September of 2007 between the Uruguayan State and the Inter-American Commission
of Human Rights about the criminal defamation conviction against journalist
Carlos Dogliani, initiated in your country in 2004 by the mayor of the town of
Paysandú.
The case went all the way to the Supreme Court, which ruled that the right to
a person’s honor limits the right to free expression. Also, the magistrates
dictated that the factual base of the information was not a relevant aspect of
the defense and that even an accurate piece of information can constitute
defamation.
The inter-American system rightly agreed that Mr. Dogliani was the victim of
a great injustice and following a long process, the Uruguayan State agreed to a
profound reform of its laws according to the Commission’s guidelines.
Five years have gone by since this sad process started, and the promises of
reform by the State are still stuck in your prestigious House of
Representatives.
Insult laws constitute an effective weapon of intimidation and repression of
the free flow of ideas and expressions. These laws are the legacy of a colonial
or autocratic past that found their origins in the Roman Empire, which created
them to shield the emperor from the criticism of the people.
Criminal defamation laws constitute a veritable Damocles sward dangling over
the heads of Uruguayan journalists, who risks their freedom or livelihood or
both merely by fulfilling their duty of keeping the public informed, as it was
the case of Mr. Dogliani.
Both sets of laws present a clear challenge to the recommendations and
jurisprudence of the inter-American system of justice, which has concluded that
insult laws must be completely eliminated from the legislation of member states
and that criminal defamation statutes should be part of civil codes, and never
criminal ones.
Therefore, Messrs. and Ms. Representatives, we urge you —before the bill
loses its parliamentary validity— to approve it as soon as possible so that
Uruguay can be integrated into the growing community of nations who view these
laws as a certain challenge against freedom of expression and of the press,
second only in severity to physical threats or attacks on the news media.
Respectfully,
E. Markham Bench
Executive Director
World Press Freedom Committee
CC: To the members of the Coordinating Committee of Press Freedom
Organizations:
Committee to Protect Journalists
Inter American Press Association
International Association of Broadcasting
International Federation of the Periodical Press
International Press Institute
North American Broadcasters Association
World Association of Newspapers
World Press Freedom Committee
En Español
27 de Marzo, 2009
Comisión de Constitución, Códigos, Legislación General y Administración
Cámara de Representantes
Asamblea General de Uruguay
Palacio Legislativo
Montevideo, Uruguay
A la atención de los Representantes Javier Salsamendi, Beatriz Argimón,
Gustavo Bernini, Gustavo Borsari, Diego Cánepa, Luis Alberto Lacalle, Alvaro
Lorenzo, Edgardo Ortuño y Jorge Orrico.
Distinguidos Representantes:
El Comité Mundial de Libertad de Prensa —una organización que representa a 45
grupos de libertad de prensa de todo el mundo— expresa su gran preocupación ante
el estancamiento del proyecto de ley de eliminación de las leyes de desacato y
despenalización de las de difamación, ya aprobado por el Senado de la República,
sobre todo ahora que la iniciativa está a punto de perder su vigencia
parlamentaria.
El proyecto, presentado en julio por el Presidente Tabaré Vázquez, eliminaría
los delitos de desacato, ya fueran por escrito o hablados, y afirma expresamente
que nadie será castigado por manifestar su discrepancia con la autoridad.
Asimismo, se eliminarían los delitos de insultos contra los símbolos patrios y
los atentados contra el honor de un jefe de estado extranjero.
Correctamente, el proyecto asimismo despenalizaría los delitos de difamación
e injurias cuando las manifestaciones se refieran a “asuntos de interés público,
referida tanto a funcionarios públicos como a personas que por su profesión u
oficio, tengan una exposición social de relevancia, o a toda persona que se haya
involucrado voluntariamente en asuntos de interés público”.
La iniciativa también respeta el concepto de la real malicia como baremo
fundamental para evaluar estos conflictos, lo cual protegería incluso las
afirmaciones inexactas, al “ubicar sus alcances en la voluntad de agraviar o de
vulnerar la vida privada de una persona”.
El proyecto es resultado del acuerdo amistoso finalizado en septiembre de
2007 entre el Estado Uruguayo y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos
sobre la condena de difamación penal contra el periodista Carlos Dogliani,
iniciado en su país en marzo de 2004 por el alcalde de la ciudad de Paysandú.
El caso llegó a la Corte Suprema, la cual dictaminó que el derecho al honor
de una persona limita el derecho a la libertad de expresión. Asimismo, los
magistrados dictaron que la base fáctica de la información no era una defensa
relevante y que incluso una información precisa puede constituir una difamación.
El sistema interamericano correctamente acordó que el Sr. Dogliani fue
víctima de una gran injusticia y tras un largo proceso, el Estado Uruguayo
accedió a reformar profundamente sus leyes de acuerdo con las directrices de la
Comisión.
Han pasado cinco años desde que este lamentable proceso empezó, y las
promesas de reforma del Estado siguen estancadas en su ilustre Cámara de
Representantes.
Las leyes de desacato constituyen una efectiva arma de intimidación y
represión contra el libre flujo de ideas y expresiones. Estas normas son legados
de pasados coloniales o autocráticos que encuentran su origen en el Imperio
Romano, el cual las creó para proteger al emperador de las críticas del resto de
la población.
Las leyes de difamación penal constituyen una espada de Damocles que cuelga
sobre las cabezas de los periodistas uruguayos, quienes arriesgan su libertad y
su patrimonio por el mero hecho de cumplir con su obligación de informar al
público, tal y como ocurrió con el Sr. Dogliani.
Ambos conjuntos de leyes constituyen un claro desafío a las recomendaciones y
jurisprudencia del sistema interamericano de justicia, el cual ha dispuesto que
las leyes de desacato deben eliminarse por completo de las legislaciones de
estados miembros y que las de difamación deben integrarse en el ámbito civil, y
nunca en el penal.
Por tanto, Sres. y Sra. Representantes, les instamos —antes de que el
proyecto pierda su vigencia parlamentaria— a que se apruebe el proyecto lo antes
posible para que Uruguay se integre al creciente conjunto de países democráticos
que ven en estas leyes un desafío cierto contra la libertad de expresión y
prensa, sólo superado por las amenazas o ataques físicos contra los medios de
comunicación.
Respetuosamente,
E. Markham Bench
Director Ejecutivo
Comité Mundial de Libertad de Prensa
CC: A los miembros del Comité Coordinador de Organizaciones de Libertad de
Prensa:
Committee to Protect Journalists
Inter American Press Association
International Association of Broadcasting
International Federation of the Periodical Press
International Press Institute
North American Broadcasters Association
World Association of Newspapers
World Press Freedom Committee
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