press releases & Protests
Note: The letter is in Spanish below
March 23, 2009
His Excellency Rafael Correa Delgado
President of the Republic
Presidential Palace
Quito, Ecuador
Your Excellency,
The World Press Freedom Committee (www.wpfc.org) —an organization
representing 45 press freedom groups from throughout the world— expresses its
profound rejection for the juridical harassment two Ecuadorian journalists are
the victims of, Milton Nelson Chacaguasay Flores, currently serving a 10-month
prison sentence, and Fredy Aponte Aponte, who was released from prison on Jan.
28 after serving three of the six months of his sentence.
Both journalists are suffering the outrageous punishments that are inherent
to Ecuador’s criminal defamation laws, which are applied in cases of alleged
crimes of opinion to journalists unjustly prosecuted because of their
professional activity. Because of these laws, any Ecuadorian journalist risks to
be treated like a mere criminal because of the profession they chose. The
existence of these laws, a veritable Damocles sward dangling over the country’s
right to press freedom, flatly rejects the spirit and the letter of
international treaties of which your country is signatory.
Mr. Chacaguasay, editor-in-chief of La Verdad weekly magazine, is serving a
ten-month prison sentence in the Provisional Detention Center in Quito as part
of a sentence for criminal defamation pressed by local judge Silvio Castillo.
The charges stem from an advertising published by La Verdad and paid for by a
third party in which Judge Castillo is accused of fraud.
Mr. Aponte, reporter of Radio Luz y Vida, was sentenced to six months in
prison, of which he served three before an early release, because of “verbal
aggression” charges pressed by former Loja Mayor José Bolívar Castillo, who was
insulted by an interview conducted by the defendant in which he claims he was
allegedly accused of being a thief. Even though there is no evidence that such a
word was uttered in the interview and that Mr. Aponte Aponte’s case was first
thrown out by a local court, he too was eventually treated like a mere criminal
and put in jail by an appeals court.
In both cases, the defendants insist they are victims of revenge by two
public officials who felt too uncomfortable with the journalists’ work.
Whatever the reasons, the fact that Ecuadorian journalists gamble with their
freedom every time they fulfill their duty to inform the public is in direct
contradiction with the basic press freedom postulates enunciated by Article 18
of the Ecuadorian Constitution, as follows:
All persons, both individually and collectively, shall have the right to seek,
receive, exchange, produce and disseminate information that is truthful,
verified, timely, contextualized, plural and without previous censorship.
Also, Article 13 of the American Convention on Human Rights partly reads as
follows:
Everyone has the right to freedom of expression and opinion; this right
includes the freedom to hold opinions without interference.
Both the Inter-American Court of Human Rights and the Inter-American
Commission on Human Rights support the concept that public officials should
expect more, and not less, scrutiny and criticism from the rest of society. This
acceptance of being a willing target of the media’s slings and arrows also
implies public officials should restrain themselves from invoking these laws in
order to silence criticism directed at them.
Likewise, both inter-American entities maintain that defamation laws belong
in civil, and not criminal, codes because the penalties imposed by the latter on
alleged crimes of opinion are exaggerated and constitute an undue obstacle to
the free flow of ideas and to the concept of press freedom.
The imprisonments of Messrs. Chacaguasay and Aponte leave no doubts in the
minds of the rest of Ecuador’s journalists that such a Damocles sward is not
only a threat by a potent weapon against press freedom in your country. Without
a free and independent press, public officials and corporate executives cannot
be kept accountable to the rest of society. Without this essential ingredient,
transparency and good governance become impossible to achieve.
Therefore, your Excellency, our Committee urges you to take the necessary
legislative measures to begin a process of decriminalization of defamation laws,
calumny and libel that will allow journalism in your country to fulfill its
duties free of any obstacles.
Respectfully,
E. Markham Bench
Executive Director
World Press Freedom Committee
CC: To the members of the Coordinating Committee of Press Freedom
Organizations:
Committee to Protect Journalists
Inter American Press Association
International Association of Broadcasting
International Federation of the Periodical Press
International Press Institute
North American Broadcasters Association
World Association of Newspapers
World Press Freedom Committee
En Español
23 de Marzo, 2009
Su Excelencia Rafael Correa Delgado
Presidente de la República
Palacio Presidencial
Quito, Ecuador
Excelencia,
El Comité Mundial de Libertad de Prensa (www.wpfc.org) —una organización que
representa a 45 grupos de libertad de prensa de todo el mundo— expresa su
profundo rechazo al acoso judicial del que son objeto dos periodistas Milron
Nelson Chacaguasay Flores, actualmente en prisión cumpliendo una sentencia de 10
meses, y Freddy Aponte Aponte, quien fue liberado de prisión el 28 de enero tras
cumplir tres de los seis meses de su sentencia.
Ambos periodistas han sido víctimas del exorbitante castigo que las leyes de
difamación penal ecuatorianas aplican a supuestos crímenes de opinión y a
periodistas injustamente acosados por cumplir con su obligación de informar al
público. A resultas de ello, cualquier periodista ecuatoriano se arriesga a ser
tratado como un criminal más por el mero hecho de ejercer su profesión. La
existencia de estas leyes que cuelgan una espada de Damocles sobre la libertad
de prensa ecuatoriana rechaza de plano el espíritu y la letra de tratados
internacionales de los cuales su país es signatario.
El Sr. Chacaguasay, director y periodista del Semanario La Verdad está
cumpliendo una condena de 10 meses en presión en el Centro de Detención
Provisional de Quito como parte de una sentencia condenatoria de injurias
calumniosas interpuesto por el juez Silvio Castillo. Los cargos surgen de un
artículo publicado por La Verdad y pagado por terceros en el que se le acusa al
juez Castillo de enriquecimiento ilícito.
El Sr. Aponte, reportero de la estación Radio Luz y Vida, fue condenado a
seis meses de prisión, de los cuales cumplió tres antes de ser liberado, a
resultas de una querella por “agresión verbal” interpuesta por el ex alcalde de
la ciudad de Loja José Bolívar Castillo, quien se dio por aludido durante una
entrevista en la que supuestamente se le acusó de “ladrón.” Pese a que no hay
pruebas de que tal palabra se usara en dicha entrevista, y a que el periodista
fue absuelto en primera instancia, Aponte eventualmente fue tratado como un
criminal más y enviado a la cárcel.
En ambos casos, los condenados insisten en que son víctimas de la venganza de
funcionarios públicos a quienes la labor informativa de los periodistas les
pareció demasiado incómoda.
Cualquiera que sea la razón, el hecho de que los periodistas ecuatorianos se
jueguen su libertad por cumplir con su obligación profesional, atenta contra los
postulados básicos de libertad de prensa consagrados en el Artículo 18 de la
Constitución ecuatoriana, como sigue:
Todas las personas, en forma individual o colectiva, tienen derecho a buscar,
recibir, intercambiar, producir y difundir información veraz, verificada,
oportuna, contextualizada, plural, sin censura previa.
Asimismo, el Artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos
dice:
Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y de expresión. Este
derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e
ideas de toda índole.
Tanto la Corte Interamericana de Derechos Humanos como la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos apoyan el concepto de que los funcionarios
públicos deben esperar más, y no menos, escrutinio y críticas del resto de la
sociedad. Esta aceptación, con más disposición que cualquier ciudadano normal de
ser blanco de los dardos de la crítica de la prensa, también implica que los
funcionarios públicos deben cuidarse del uso de estas nefarias leyes de
difamación penal para silenciar las críticas dirigidas a ellos.
Igualmente, ambos organismos interamericanos defienden que las leyes de
difamación deben pertenecer al ámbito civil, no al penal, ya que los castigos
impuestos por éste por supuestos delitos de opinión son exagerados y constituyen
un indebido obstáculo a la libre circulación de ideas y al concepto de libertad
de prensa.
Los encarcelamientos de los Sres. Chacaguasay y Aponte dejan claro al resto
de los periodistas ecuatorianos que dicha espada de Damocles no es sólo una
amenaza sino una potente arma contra la libertad de prensa en su país. Sin una
prensa libre e independiente, los funcionarios públicos y los ejecutivos
corporativos no pueden mantenerse responsables ante el resto de la sociedad. Sin
este ingrediente esencial, la transparencia y la gobernabilidad se hacen
imposibles de alcanzar.
Por tanto, Excelencia, nuestro Comité le urge a tomar las necesarias medias
legislativas para poner en marcha un proceso de despenalización de las leyes de
difamación, calumnias e injurias que permita al periodismo ecuatoriano cumplir
con su cometido libremente y sin obstáculos antidemocráticos.
Respetuosamente,
E. Markham Bench
Director Ejecutivo
Comité Mundial de Libertad de Prensa
CC: A los miembros del Comité Coordinador de Organizaciones de Libertad de
Prensa:
Committee to Protect Journalists
Inter American Press Association
International Association of Broadcasting
International Federation of the Periodical Press
International Press Institute
North American Broadcasters Association
World Association of Newspapers
World Press Freedom Committee
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