|
||||||||||||||
|
|
Press releases & protests
Note: The letter is in Spanish below June 15, 2006 His Excellency Dr. Oscar Arias Sánchez Your Excellency: On behalf of the World Press Freedom Committee (www.wpfc.org) —an organization representing 45 press freedom groups from six continents— I urge you to take the necessary steps, including the introduction of a bill in the National Assembly, in order to counter the unfortunate Supreme Court decision that upheld the archaic Printing Law of 1902. The court’s decision upholds Article 7 of that piece of legislation, which provides prison sentences of up to 100 days for journalists who are declared guilty of defamation crimes. In other words, in the 21st Century, the press of Costa Rica, a country that is supposed to be one of the most democratic in the Western Hemisphere, is still condemned to work under this Damocles sword called Printing Law. This law punishes not only the defendants but also the editors of the medium that publishes the disputed piece. This gagging action, which in some countries is known as the “cascade effect,” is characteristic of autocratic regimes afraid of a free and independent press that demands accountability from public officials. The punishment this law imposes, moreover, is even more severe than that provided by similar statutes in the Criminal Code. In both instances, by upholding and applying these laws, Costa Rica ignores the recommendations of the inter-American judicial system, specifically those of the Inter-American Commission on Human Rights. Article 10 of the Declaration of Principles on Freedom of Expression states: “Privacy laws should not inhibit or restrict investigation and dissemination of information of public interest. The protection of a person’s reputation should only be guaranteed through civil sanctions in those cases in which the person offended is a public official, a public person or a private person who has voluntarily become involved in matters of public interest.” Also, Article 11 states, “Public officials are subject to greater scrutiny by society.” The decision of the Costa Rican Supreme Court of upholding this obsolete,
repressive law —ironically handed down on May 3, World Press Freedom Day—
ignores the fundamental principles of not only a free and independent press but
of democracy itself. Mr. President, during your public life you have repeatedly demonstrated you profound love for freedom and democracy in your country and the rest of the region. Once more, Costa Rica requires your leadership to introduce legislation in the National Assembly that neutralizes the pernicious effects of the Printing Law in particular and of all criminal defamation laws in general, which guarantees the necessary conditions for the development of a free and independent press in your country. Respectfully, E. Markham Bench
15 de Junio de 2006 Excelentísimo Dr. Oscar Arias Sánchez Excelencia: En nombre del Comité Mundial de Libertad de Prensa (www.wpfc.org) —una organización que engloba a 45 grupos de libertad de prensa de todo el mundo— le insto a que tome las medidas necesarias, incluyendo la presentación de un proyecto de ley pertinente, para contrarrestar la desafortunada decisión de la Corte Suprema de reivindicar la arcaica Ley de Imprenta de 1902. El dictamen de la corte otorga vigencia al Artículo 7 de esa legislación, el cual prevé penas de cárcel de hasta 100 días para periodistas que sean condenados por delitos de calumnias o injurias. En otras palabras, en pleno Siglo 21, los medios de comunicación del que se supone es uno de los países de mayor raigambre democrática del Hemisferio Occidental siguen condenados a ejercer su profesión con esta espada de Damocles llamada Ley de Imprenta. Asimismo, esta legislación castiga no sólo al acusado, sino también a los editores responsables de la publicación o emisión. Esta acción mordaza, en algunos países llamada “efecto cascada”, es propia de regímenes autocráticos temerosos de una prensa libre e independiente que obligue a los funcionarios públicos a rendir cuentas al público. El castigo que esta ley impone, además, es incluso más severo de lo previsto por leyes similares existentes en el Código Penal. En ambos casos, Costa Rica, al mantener y aplicar estas leyes, ignora las recomendaciones del sistema jurídico interamericano, concretamente las de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. El Artículo 10 de la Declaración de Principios sobre Libertad de Expresión, reza: “Las leyes de privacidad no deben inhibir ni restringir la investigación y difusión de información de interés público. La protección a la reputación debe estar garantizada sólo a través de sanciones civiles, en los casos en que la persona ofendida sea un funcionario público o persona pública o particular que se haya involucrado voluntariamente en asuntos de interés público”. Asimismo, el Artículo 11 defiende que “los funcionarios públicos están sujetos a un mayor escrutinio por parte de la sociedad”. La decisión de la Corte Suprema de Costa Rica de mantener en vigencia esta ley obsoleta y represiva —irónicamente tomada el 3 de mayo, Día Mundial de la Libertad de Prensa— desoye los principios fundamentales no sólo de una prensa libre e independiente, sino también del orden democrático. Sr. Presidente, durante su vida pública Usted ha demostrado al mundo en repetidas ocasiones su profundo amor por la libertad y la democracia en su país y en el resto de la región. Una vez más, Costa Rica necesita de su liderazgo para presentar o apoyar iniciativas en la Asamblea Nacional que neutralicen los perniciosos efectos de la Ley de Imprenta en particular y de las leyes de difamación penal en general, y que garanticen las condiciones necesarias para el desenvolvimiento de una prensa libre e independiente. Respetuosamente, E. Markham Bench |
|||||||||||||
|
||||||||||||||